REFLEXIÓN DEL PAPA FRANCISCO SOBRE EL EVANGELIO

Dios siempre nos da lo que pedimos, pero a su manera divina

Mateo 20,17-28

Juan y Santiago, le piden a Jesús sentarse, en su gloria, uno a su derecha y el otro a su izquierda, lo que provoca una discusión entre los otros sobre quién era el más importante en la Iglesia.

La tentación de los discípulos es la misma que la de Jesús en el desierto, cuando el demonio le propone otro camino:

“Hazlo todo rápidamente, haz un milagro, algo que todo el mundo vea. Ve al templo y haz el paracaidista sin dispositivo, así todo el mundo verá el milagro y así se hará la redención”.

Es la misma tentación de Pedro cuando en un primer momento no acepta la pasión de Jesús. Es la tentación de un cristianismo sin la cruz, un cristianismo a medio camino.

La tentación del cristianismo sin la cruz, una iglesia a medio camino, que no quiere llegar a donde el Padre quiere, es la tentación del triunfalismo. Queremos el triunfo de hoy, sin ir a la cruz, un triunfo mundano, un triunfo razonable

[…] El triunfalismo en los cristianos, frena a los cristianos. Una Iglesia triunfalista, es una Iglesia a mitad de camino, una Iglesia que es feliz así, bien equipada – ¡bien arreglada! – con todas las oficinas, todo muy bien, todo bonito ¿eh? Eficiente.

Pero una Iglesia que reniega a los mártires, porque no sabe que los mártires son necesarios a la Iglesia para el camino de la Cruz.

Una Iglesia que sólo piensa en los triunfos, los éxitos, que no sabe aquella regla de Jesús: la regla del triunfo a través del fracaso, el fracaso humano, el fracaso de la Cruz. Y ésta es una tentación que todos tenemos”.

Recuerdo que una vez, en que atravesaba un momento oscuro de mi vida espiritual y le pedía una gracia al Señor, fui a predicar los ejercicios espirituales a unas monjas. Y el último día se confesaron.

Vino a confesarse una religiosa anciana, de más de 80 años, pero con los ojos claros y muy luminosos: era una mujer de Dios. Al final de la confesión viendo que era una verdadera mujer de Dios.

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