ORACIÓN DE LA NOCHE DEL DOMINGO 23 DE SEPTIEMBRE

Mi Señor, este día que termina, este día que muere es una pequeña historia que Tú y yo hemos escrito juntos. Gracias por no dejarme solo nunca. Gracias por acompañarme en cada minuto de mi vida. Gracias, Señor Jesús, porque eres mi dulce compañía y siempre estás acompañándome en los momentos alegres y tristes. Dame en este momento, Señor, la capacidad de saber reconocer mis errores y de pedir perdón.

Ayúdame a comprender que no soy el único que tiene la verdad y que mi verdad no es absoluta. Permite que sea humilde a la hora de hacerles conocer lo que pienso y creo. No dejes que mis actitudes me hagan ser un prepotente que se cree dueño de todo, porque hago sufrir a los demás y sufro yo mucho más.

Dame un amor capaz de comprender que la vida comienza todos los días y que nunca está dicha la última palabra. Un amor capaz de creer que aún aquella herida que está hace mucho en mi corazón, hoy puede ser sanada.

Sabes que mis impulsos son malos consejeros y que no debo dejarme llevar por ellos, ayúdame a sanar las heridas, a ser cada día más humilde. Quiero saber reconocer al otro su valor, su verdad y su capacidad sin tener miedo a perder nada. Ayúdame a ser firme al comunicar lo que pienso pero con la humildad suficiente para entender que los otros pueden tener razón en lo que dicen y piensan. Ayúdame a vencer mis luchas interiores.

No quería acostarme, sin decirte lo importante que eres en mi vida y por darme la oportunidad de vivir un día más, gracias a tu infinita misericordia. Gracias por actuar en mí.

Gracias por no dejarme solo mientras duermo y por cuidarme. Esta noche puedo acostarme confiado y dormir en paz, porque estoy seguro de que cuidarás mis sueños. Que mi corazón descanse en Ti. Te amo y te pido que me ayudes siempre.

Amén.

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