REFLEXIÓN DEL PAPA FRANCISCO SOBRE EL EVANGELIO

Confíate en las manos sanadoras de Dios. Solo Él sana y libera.

Muchas veces escuchamos decir a las personas que no saben en quien confiar: “¡Confíate en las manos de Dios!”.

Esto es bello porque allí estamos seguros: es la máxima seguridad, porque es la seguridad de nuestro Padre que nos quiere mucho. Las manos de Dios también nos curan de nuestras enfermedades espirituales.

Pensemos en las manos de Jesús, cuando tocaba a los enfermos y los curaba… son las manos de Dios: Nos curan. No me imagino a Dios dándonos una bofetada. No me lo imagino. Reprendiéndonos sí me lo imagino, porque lo hace. Pero nunca, nunca nos hiere. Nunca. Él nos acaricia.

También cuando nos reprende lo hace con una caricia porque es Padre. “Las almas de los justos están en las manos de Dios”.

Pensemos en las manos de Dios, que nos ha creado como un artesano, que nos ha dado la salud eterna. Son manos llagadas y nos acompañan en el camino de la vida.

Confiémonos en las manos de Dios, como un niño se confía en las manos de su papá. Esas son manos seguras. (Homilía en Santa Marta, 12 de noviembre de 2013)

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