REFLEXIÓN DEL PAPA FRANCISCO SOBRE EL EVANGELIO

En la oración pide a Dios conocer a fondo Su voluntad

Juan 5,17-30

La Voluntad de Dios. Éste es el camino de la santidad, del cristiano, es decir, que el plan de Dios sea realizado, que la salvación de Dios se cumpla.

Lo contrario comenzó en el Paraíso, con la no obediencia de Adán y aquella desobediencia ha traído el mal a toda la humanidad. Y también los pecados son actos de no obedecer a Dios, de no hacer la voluntad de Dios.

En cambio, el Señor nos enseña que éste es el camino, y que no hay ningún otro. Y comienza con Jesús, sí, en el Cielo, en la voluntad de obedecer al Padre, pero en la tierra comienza con la Virgen: con Ella. ¿Qué le dijo al Ángel? “Que se haga lo que tú dices”, es decir que se haga la voluntad de Dios. Y con aquel “sí” al Señor, el Señor ha comenzado su recorrido entre nosotros.

No es fácil. No ha sido fácil para Jesús que sobre esto fue tentado en el desierto y también en el Huerto de los Olivos, con el corazón atormentado, aceptó el suplicio que le esperaba.

No fue fácil para algunos discípulos, que lo dejaron porque no entendieron lo que quería decir hacer la voluntad del Padre.

No lo es para nosotros, desde el momento que cada día nos presentan tantas opciones sobre una bandeja. De ahí que se haya preguntado: ¿Cómo hago para hacer la voluntad de Dios?: pidiendo la gracia de querer hacerla.

¿Yo rezo para que el Señor me de las ganas de hacer su voluntad, o busco compromisos porque tengo miedo de la voluntad de Dios? Y otra cosa: rezar para conocer la voluntad de Dios sobre mi vida, sobre la decisión que debo tomar ahora… tantas cosas. Sobre el modo de administrar las cosas…

La oración para hacer la voluntad de Dios, y la oración para conocer la voluntad de Dios. Y cuando conozco la voluntad de Dios, también la oración, por tercera vez: para hacerla. Para cumplir aquella voluntad, que no es la mía, es la de Él. Y no es fácil”.

Hay que rezar para tener ganas de seguir la voluntad de Dios, rezar para conocer la voluntad de Dios y rezar, una vez conocida esta voluntad, para ir adelante con la voluntad de Dios.

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