ORACIÓN PARA HOY, SÁBADO 4 DE NOVIEMBRE

Recordar las últimas horas de tu vida, querido Jesús, me hace sentir una enorme gratitud y un inmenso amor por ti.
Te entregaste todo a mí, sin escatimar absolutamente nada. Entregaste tu cuerpo, tu sangre, tu vida, e incluso, tu voluntad, cuando dijiste a tu Padre: “No se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc.22.42).

Te desprendiste de todo, aceptando totalmente la angustia, el dolor y el abandono, pues en ese momento, sabías que habías sido traicionado, abandonado por tus discípulos, rodeado por quienes te habían estado haciendo daño y ahora insultaban y se burlaban de ti.

Te quedaste solo, muy solo, al grado que lanzaste un grito muy revelador “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Mt.27.46); grito que, más que una queja, era una oración, pues estabas repitiendo un fragmento de uno de los salmos:

“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Sal.22.1).
Salmo que en realidad, habla de esperanza, pues más adelante dice: “Fortaleza mía, apresúrate a socorrerme” (Sal.22.19). “Porque no menospreció ni abominó la aflicción del afligido, ni de él escondió su rostro; sino que cuando clamó a él, le oyó” (Sal.22.24).

Te agradezco, Jesús, todo ese amor, toda esa entrega, ese generoso desprendimiento de todo, para poder conseguirme la salvación. Concédeme tu gracia para que sepa aprovechar todo lo que hiciste por mí.

Amén.

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