ORACIÓN PARA HOY, MARTES 14 DE NOVIEMBRE

Siempre encuentro novedades en tus palabras, querido Jesús, y aunque hay textos que he leído muchas veces, cada vez que los leo, descubro en ellos algo nuevo, o me impresionan de una manera diferente.
Al leer lo que dijiste a tus apóstoles cuando ibas a Jerusalén para entregar tu vida por mí, encuentro una maravillosa síntesis de lo que implicaba tu sacrificio, y desde luego, su culminación: “He aquí que subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, que lo condenarán a muerte; y lo entregarán a los paganos para que se burlen de él, lo azoten, y lo crucifiquen; pero al tercer día, resucitará”. (Mt. 20.18-19).

Eras totalmente consciente de lo que te esperaba, y aun sabiendo que ibas a experimentar el máximo sufrimiento, moral y físico, seguiste adelante; porque para ti, lo más importante, era cumplir, en todo momento, la voluntad de tu Padre celestial.

Gracias, Jesús, por ese ejemplo de obediencia, de entrega y de amor. No tenías duda de lo que te esperaba, por eso sudaste gotas de sangre y en tu agonía dijiste a tu Padre: “Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz”. (Lc.22.42). Sin embargo, inmediatamente añadiste: “pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc.22.42).

Ayúdame Señor a tener claridad en relación a la misión que Dios me ha encomendado, y a ser fiel a ella, como tú lo fuiste. Ayúdame, Señor Jesús, a seguir tu ejemplo de entrega, de obediencia y de amor.

Amén.

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